
El sector marítimo se enfrenta a un cambio radical. En la reciente conferencia «Geneva Dry», varios expertos se reunieron para debatir sobre la inteligencia artificial y su impacto en la mano de obra del sector de los graneles sólidos. La moderadora, Cynthia Worley, inauguró la sesión con una canción muy acertada: el clásico de REM sobre el fin del mundo. Su mensaje a los asistentes fue claro: tanto si consideramos la IA como un regalo como si la vemos como una amenaza, ya está aquí y debemos aprender a convivir con ella.
La brecha en materia de gobernanza
La mesa redonda abordó de inmediato una cuestión espinosa. ¿Están las empresas navieras implantando la IA antes de saber cómo gestionarla? Los expertos se mostraron divididos en cuanto a la respuesta. Alberto Pérez y Jonathan Canaan consideraban que la implantación va por delante de la responsabilidad. Alex Albertini e Ingrid Kylstad no estaban de acuerdo. Por su parte, Scott Bergeron expresó una opinión contundente. Señaló que la mayoría de las empresas solo quieren que la IA funcione y ni siquiera han pensado todavía en la gobernanza.
Worley lanzó una severa advertencia al público. La Ley de IA de la UE entrará plenamente en vigor en breve. Las empresas que no controlen sus procesos de IA se enfrentan a fuertes multas, que pueden alcanzar hasta 35 millones de euros o el 7 % de sus ingresos globales. Sorprendentemente, casi nadie en la sala sabía que se avecinaba esta normativa.
Definición de la responsabilidad
¿Cómo gestionamos estos nuevos riesgos? Pérez explicó que las empresas deben definir qué hace la IA, trazar sus límites y comprender sus restricciones.
Bergeron comparó la IA con los primeros radares de los barcos. El radar permitía a las tripulaciones ver a través de la niebla, pero seguían produciéndose colisiones entre buques. Expresó una preocupación más profunda sobre el futuro: dentro de diez años, ¿quién verificará los cálculos de la IA cuando todos los expertos humanos se hayan jubilado?
Kylstad argumentó que la IA lo cambia todo porque no comprendemos realmente cómo funciona. Ni siquiera sus creadores pueden explicar siempre sus decisiones. Instó a los líderes a identificar los puntos débiles de sus herramientas de IA y a diseñar procesos seguros que tengan en cuenta esos fallos específicos. Su empresa ha decidido recientemente no contratar a un nuevo analista porque su personal actual puede utilizar modelos de lenguaje para realizar exactamente el mismo trabajo.
Las personas son lo primero, no los sustitutos
A pesar del auge tecnológico, el transporte sigue siendo un negocio basado en las relaciones. Los ponentes coincidieron en que la IA debería potenciar las habilidades humanas, no sustituir a los trabajadores.
Albertini destacó que la IA nos brinda la oportunidad de ayudar a nuestros equipos a crecer. Señaló una curiosa doble moral: contratamos con gusto a personas que aciertan solo una fracción de las veces, por lo que deberíamos juzgar a las máquinas de forma justa.
Si ves la IA únicamente como una forma de recortar personal, te encontrarás con problemas. La introducción de nuevas tecnologías conlleva dificultades iniciales. Albertini advirtió al público sobre los empleados temerosos. Si tu equipo teme perder su empleo, podría bloquear o arruinar en silencio los nuevos proyectos de IA. Gestionar este factor humano es tan importante como el software que adquieres.
Valor en el mundo real
Los expertos compartieron exactamente cómo utilizan la IA para salir adelante en este momento:
Cuando se le preguntó sobre si los agentes de IA baratos podrían sustituir a las costosas decisiones humanas, Albertini aconsejó precaución. Una herramienta de IA que hoy cuesta un dólar podría costar mil dólares mañana. Confiar únicamente en esa diferencia de precio supone un enorme riesgo para tu negocio.
La sesión concluyó tal y como había comenzado. El mundo tal y como lo conocemos puede que esté cambiando, pero si adoptamos estas herramientas con sensatez, todo irá bien.
